Hacer una evaluación del estado de nuestras finanzas personales es una tarea que debemos ejecutar como mínimo una vez al año, o cada vez que vayamos a realizar modificaciones en nuestro plan financiero. Por ejemplo, si vamos a considerar tomar un nuevo crédito, tendremos que realizar un cambio importante en alguno de nuestros gastos o un posible nuevo ingreso. 

El primer paso para realizar dicha evaluación es actualizar nuestro presupuesto detallado, pues este nos facilitará el análisis de cada uno de los puntos que debemos revisar. Si aún no tienes el tuyo, te invitamos a descargar nuestra plantilla de Excel y revisar el artículo sobre “¿Cómo construir mi presupuesto paso a paso?”.

Después de tener tu presupuesto actualizado, comencemos con la evaluación.

  1. ¿Qué está diciendo tu presupuesto de flujo de caja?

Esta herramienta nos permite visualizar cuánto nos ingresa, cuánto y en qué gastamos. Su propósito es facilitar la verificación de que nuestro ingreso esté siendo suficiente para cubrir los gastos y evaluar el efecto de los cambios en el manejo de nuestras finanzas.

Si el resultado del presupuesto es negativo, nos dice que estamos gastando más de lo que ganamos. En ese caso, será necesario que rápidamente tomemos medidas para incrementar los ingresos o disminuir el gasto total. Si por el contrario su resultado es positivo, es una buena noticia porque nos está “sobrando” dinero. Sin embargo, en este caso también es será necesario realizar modificaciones, pero esta vez en la parte de los ahorros. En ese caso, deberíamos incrementarlos hasta que el resultado del presupuesto llegue a cero.

  1. ¿De cuántas fuentes provienen tus ingresos?

¿Has escuchado el dicho sobre “No poner todos los huevos en la misma canasta”?, este dicho nos habla de la necesidad de diversificar el riesgo, para que en caso de que algo ocurra, no perdamos todo. Esta lógica también debemos aplicarla a nuestros ingresos, pues si tenemos una única fuente, nuestra situación financiera queda expuesta a grandes impactos en caso de que dicha fuente falte. 

Lo ideal en nuestro presupuesto es contar por lo menos 3 fuentes de ingreso diferentes y procurar que no exista un porcentaje de participación muy alto en una de ellas. Adicionalmente, debemos procurar incluir ingresos pasivos, que son aquellos que resultan de haber hecho una actividad previa y que no requieren esfuerzos en el presente para obtenerlos. 

En este punto las inversiones juegan un papel clave, pero no son las únicas que nos generan este tipo de ingresos, también podemos conseguirlos: creando cursos en línea, escribiendo un libro, haciendo tutoriales, entre otros.


Ingresos  Ingresos  Fuente  Salario  Asesorías  Intereses  participación  88,6%  3,5%  7,9%  Salario  Asesorías  Intereses  participación  41,3%  28,2%  30,5%

 

  1. ¿Le das prioridad al ahorro?

El ahorro es el dinero que guardamos con el objetivo de realizar inversiones que nos permitan construir y mantener nuestra estabilidad financiera a lo largo de la vida; por tanto, no debe considerarse ahorro el dinero que estamos reuniendo para realizar un gasto (irnos de vacaciones). Si bien las posibilidades de ahorro varían según la realidad de cada uno e incluso la etapa del ciclo de vida en la que estemos, lo mínimo que deberíamos destinar para ello es el 10% del ingreso, aunque si es mucho más, mejor. 

Según un estudio elaborado con Sura Asset Management para determinar cómo ahorran las personas en América Latina, se identificó que el 47% se escudan en que no cuentan con dinero suficiente para hacerlo. Al profundizar en esta respuesta, identificaron que esto ocurre porque no existe una consciencia frente a los gastos que realizan y además el ahorro no es considerado prioridad dentro del plan financiero.

Debemos ser realistas al momento de adoptar un estilo de vida, garantizando que sea acorde a nuestros ingresos y nos habilite la posibilidad de ahorrar para ir alcanzando poco a poco nuestras metas, velando siempre por la estabilidad financiera. 

  1. ¿Cómo estás de deudas?

Tener deudas no es necesariamente algo negativo, todo depende de su objetivo y la proporción que estas representan frente a nuestros ingresos. 

Frente a los usos que le damos, no hay problema cuando las destinamos para invertir en algo que nos traerá nuevos ingresos o se valorizará con el tiempo, por ejemplo, realizar un diplomado para ser ascendidos en nuestro trabajo, inyectar dinero a nuestro negocio o comprar una casa. Si por el contrario, usamos la deuda para satisfacer nuestros deseos o peor aún, para suplir nuestras necesidades básicas como pagar el mercado, comprar un celular nuevo, salir de paseo o ir a comer; estamos dándole un uso inadecuado. Por esto, debemos evitar este tipo de deudas y más bien, ajustarnos al presupuesto que destinamos para los gastos de consumo y realizar provisiones para aquellos gastos más grandes.

Independiente del uso que le estemos dando, es fundamental evaluar nuestro nivel de endeudamiento, que es la relación entre deudas e ingresos, para calcularlo debemos conocer el valor mensual que pagamos por nuestras obligaciones financieras, para luego dividirlo por el ingreso del mes y finalmente multiplicarlo por 100. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI) el resultado de dicha operación no debería superar el 30%, ya que esto nos haría más vulnerables ante cualquier cambio en nuestro ingreso y a su vez representaría una alerta en el manejo que estamos realizando de nuestras finanzas.


Ahora bien, no debemos confundir dicho termino con el de capacidad de endeudamiento, que se refiere al valor máximo que, según nuestros ingresos y gastos actuales, debería tener la cuota de un crédito para que podamos pagarla sin poner en riesgo nuestra estabilidad financiera. Para calcularlo, restamos a nuestro total de ingresos, nuestros gastos y multiplicamos el resultado por 35%. 

Es importante que tengamos presente la diferencia entre nivel y capacidad de endeudamiento, para que no nos pase como a Laura, que se antojó de cambiar su computador y antes de realizar la compra con su tarjeta de crédito, aplicó la fórmula para calcular el nivel de endeudamiento, obtuvo un resultado del 5%, y al estar por debajo del 30% que es el nivel máximo recomendado, no dudó en realizar la compra. Pocos meses después se dio cuenta que no tenía la capacidad para pagar su tarjeta de crédito y no entendía por qué.

La explicación está en que Laura únicamente tuvo en cuenta su nivel de endeudamiento, dejando de lado el cálculo de su capacidad de endeudamiento para tomar la decisión. Antes de adquirir una nueva obligación, siempre debemos evaluar ambos indicadores, primando la evaluación de la capacidad de endeudamiento pues de esta depende que nuestro ingreso si sea suficiente para cubrir el nuevo compromiso financiero.

  1. ¿Cuál es el estado de tu fondo de tu emergencia?

Para proteger nuestro plan financiero, resulta clave contar con un fondo de emergencia que nos permita atender aquellos gastos urgentes que son impredecibles. El tamaño del fondo varía según los riesgos a los que estemos expuestos y el nivel de gasto mínimo mensual de cada uno. Te recomendamos nuestro artículo sobre fondo de emergencia, para conocer todo lo que debes tener en cuenta en relación con este tema. 

Los expertos recomiendan un fondo capaz de cubrir entre 4 y 6 veces nuestro gasto mínimo mensual. Si aún no has comenzado a formar tu fondo o su tamaño es inferior al 50% del ideal, te invitamos a revisar tu presupuesto, para realizar ajustes que te permitan acelerar la conformación del mismo.

  1. ¿Qué papel está jugando tu patrimonio?

Nuestro patrimonio podríamos definirlo como aquello que realmente nos pertenece. Para calcularlo es necesario restar a nuestros activos (dinero en efectivo, CDT’s, celular, carro, obras de arte, apartamento, entre otros) nuestros pasivos (obligaciones financieras, impuestos por pagar, cuenta por pagar de arriendo, entre otros).

Para evaluar el papel que juega nuestro patrimonio en la situación financiera, debemos diferenciar cuando se encuentra representado en activos productivos; aquellos que generan ingresos (CDT o apartamento de inversión), de los improductivos; no generan ingresos e incluso pueden generar gastos (obra de arte o carro). 

Entre más grande sea nuestro patrimonio, mejor. Pero no debemos desconocer que la forma cómo está compuesto es más importante que el tamaño. Revisemos el caso de Camilo y Julián. Ambos son compañeros de trabajo, tienen el mismo salario y casualmente tienen el mismo valor de activos $500MM, pasivos $50MM y patrimonio $450MM. Sin embargo, sus activos están distribuidos como observamos a continuación.




¿Notas la diferencia? Camilo tiene $130MM de su patrimonio representando en activos improductivos y un CDT de $10MM que le genera ingresos adicionales. Por su parte Julián, no tiene activos improductivos y cuenta con $297MM de activos capaces de generar ingresos adicionales. 

Julián ha construido una estructura patrimonial, con alta participación de inversiones que le ayuda a apalancar su plan financiero. Probablemente esos ingresos extras en poco tiempo le permitirán no sólo tener un apartamento más costoso, un carro y otros lujos; sino que también lo conducirán a alcanzar en un menor tiempo su libertad financiera, que significa que no tendrá que trabajar para cubrir sus gastos. 

Analizar nuestra situación financiera a la luz de estos puntos, nos dará un diagnóstico claro de cómo estamos administrando nuestro dinero. Esto nos permitirá identificar en qué temas tenemos oportunidades de mejora y en cuáles lo estamos haciendo bien. 

Cumplir algunos de estos puntos, no es algo que logremos de la noche a la mañana, requieren un proceso que toma tiempo. La clave está en tener claro qué es lo que debemos alcanzar, hacer un plan para lograrlo y que en nuestro día a día realicemos una constante evaluación para identificar si las decisiones que estamos tomando contribuyen a conseguir nuestra meta, o como en Tributi lo llamamos, alcanzar el bienestar financiero.

Se despide Adriana. ¡Nos vemos en una próxima edición!