Todos en cierta medida somos conscientes de los beneficios del ahorro y la inversión. Sabemos que si ahorramos podremos contar con suficiente dinero para cubrir un imprevisto o una emergencia, cambiar de carro o hacer un viaje sin necesidad de endeudarnos, y sabemos que al invertir, podremos crecer nuestro patrimonio y asegurar una buena calidad de vida en la vejez. 

Mejor dicho, sabemos que el ahorro y la inversión son piezas fundamentales para lograr nuestros objetivos a corto, mediano y largo plazo, ¿pero entonces por qué nos cuesta tanto hacerlo? ¿Por qué aplazamos el ahorro y la inversión año tras año?

La realidad es que somos seres humanos y los seres humanos no tomamos este tipo de decisiones de manera racional, lo hacemos de forma emocional. Por eso, aunque el éxito financiero requiere de cierto nivel de conocimiento, en realidad es principalmente una habilidad blanda, es decir, una habilidad emocional o de comportamiento y no una habilidad técnica. Esto quiere decir que como te comportas es más importante que lo que sabes, y es por eso que a veces aunque sepamos qué hay que hacer y cómo hacerlo, no lo hacemos. 

La economía, que es la ciencia social que estudia cómo las personas, familias, empresas y gobiernos toman decisiones y administran sus recursos con el fin de satisfacer sus necesidades, basa su teoría en el supuesto de que somos seres racionales y que todos contamos con cierto nivel de información. Pero la realidad es que aunque sí tenemos la capacidad de razonar, también somos seres emocionales, con situaciones,  problemas, gustos y preferencias diferentes, expuestos a tentaciones y susceptibles a cometer errores. No somos computadores que cuentan con la misma información y toman decisiones basados en datos o en cálculos matemáticos. 

Lo anterior explica por qué dicen que los economistas se la pasan la primera mitad del año haciendo predicciones sobre lo que va a pasar y la segunda mitad del año explicando por qué sus predicciones no se cumplieron. 

Por otro lado, está lo que hoy se conoce como economía conductual o economía del comportamiento. Esta une la teoría de la economía tradicional con la psicología, para así entender el comportamiento del ser humano en temas como la salud, la educación y las finanzas, entre otros. 

La economía del comportamiento es aplicable en muchos campos, tanto a nivel personal como a nivel social, empresarial y gubernamental. Dentro de la economía conductual están las finanzas conductuales que se enfocan en el comportamiento humano en temas como la administración del dinero, el endeudamiento, el ahorro y la inversión. 

Para entender mejor qué es lo que nos impide ahorrar e invertir, primero debemos entender cómo funciona nuestro cerebro. Daniel Kahneman, psicólogo experto en economía conductual, explica el funcionamiento del cerebro a través de dos sistemas. El sistema automático y el sistema racional.  El sistema automático es rápido, instintivo y emocional y el sistema racional es lento, lógico y reflexivo.  Cuando respiramos, caminamos, nos lavamos los dientes o montamos en bicicleta, estamos usando el sistema automático. Hacer este tipo de cosas no implica pensar, lo hacemos rápidamente y en muchos casos de manera instintiva. Cuando estamos escribiendo algo, resolviendo un problema matemático o planeando nuestras próximas vacaciones, estamos usando el sistema racional. En este caso, sí necesitamos pensar y es un proceso mucho más lento. 

Cada segundo el cerebro está ejecutando millones de procesos mentales y busca siempre la eficiencia automatizando la mayor cantidad de pensamientos posibles. Imagínate por un momento que para bañarte, levantarte de la cama, o para dar cada paso mientras caminas tuvieras que pensar; estarías colapsado.  

Cuando estamos aprendiendo algo necesitamos del  sistema racional, pero una vez se aprende, se hace a través del sistema automático, como por ejemplo, montar en bicicleta, ya que mientras estas aprendiendo tienes que pensar en cómo coordinar los pedales, el equilibrio, la dirección, etc., pero una vez aprendes, todo esto lo haces sin necesidad de pensar.  Lo mismo pasa con los hábitos, inicialmente te cuesta un poco más hacerlo, pero una vez se convierte en un hábito lo haces de manera automática. 

Como parte de la necesidad del cerebro de automatizar, se da lo que en economía del comportamiento llamamos sesgos conductuales. Los sesgos conductuales son atajos mentales que ayudan a simplificar el proceso de toma decisiones, son muy útiles a la hora de actuar rápido, pero te alejan del pensamiento racional, tan relevante a la hora de tomar decisiones financieras.  

Ahora, ¿qué relación tiene todo esto con nuestras finanzas personales y más puntualmente con el ahorro y la inversión? 

Cuando nos sentamos a hacer un presupuesto o un plan de ahorro e inversión estamos usando principalmente el sistema racional, pero cuando vamos caminando por un centro comercial y vemos algo que nos gusta en promoción, estamos usando principalmente el sistema automático y actuamos de manera emocional, ¿si ves la relación?

Lo más seguro es que tomemos la decisión de comprar algo que no necesitamos, incluso aunque hayamos acabado de hacer un plan de ahorro y sepamos que comprarlo no es lo mejor para nuestras finanzas en ese momento.  

El sistema automático, influenciado por uno, o varios sesgos conductuales que podrás conocer a fondo en Impedimentos para el ahorro y la inversión: ¿cómo eliminarlos?, es el que te impulsa a comprarlo, mientras que el sistema racional es el que después te hace pensarlo bien y decir, “no debí haberlo hecho”.  Es aquí cuando las finanzas conductuales cobran mucho valor, pues nos ayudan a entender porqué actuamos de cierta manera y nos brinda herramientas que nos permiten tomar decisiones racionales con respecto a nuestras finanzas, incluso cuando estamos dominados por nuestro sistema automático. 


Ya sabes por qué te cuesta tanto ahorrar e invertir, pero ahora puedes analizar qué es exactamente lo que te está limitando y aprender cómo eliminar todos esos factores que te hacen retroceder cada vez que decides cumplir ese propósito. ingresa aquí y lee nuestro blog Impedimentos para el ahorro y la inversión: ¿cómo eliminarlos?

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